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Sanz explica los motivos de su renuncia

Decidió “recuperar el espacio de hombre”, de su vida personal. Macri le había ofrecido al senador radical ser ministro de Justicia de su gobierno. La carta completa.

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El presidente del Comité Nacional de la UCR, Ernesto Sanz, anunció hoy públicamente que “no” va a ocupar “ningún lugar ni en el Gobierno” ni en su partido, ya que decidió “recuperar el espacio de hombre”, de su vida personal.

En su perfil de Facebook, Sanz publicó una carta abierta en la que da cuenta de su alejamiento de la vida política y explicó: “Soy, sin duda, el político argentino que acumula más días y noches fuera de su hogar en los últimos años”.

Mauricio Macri le había ofrecido al senador radical ser ministro de Justicia de su gobierno pero, como confirmó el presidente electo esta mañana, Sanz rechazó la propuesta por motivos “personales”.

La carta

UNA NUEVA ETAPA PARA EL PAÍS, PARA LA UCR Y PARA MÍ VIDA PERSONAL.

Pocas veces me he sentado a escribir con tanta carga emotiva como en este momento.

Muchos medios me han pedido notas de opinión que trataré de cumplir. Pero antes, quiero transmitir lo que estoy viviendo en este espacio personal, directo y casi íntimo.

Se abre una nueva etapa en la Argentina. Apasionante, desafiante, llena de esperanzas y también de ansiedades.

Acostumbrados a escenarios predeterminados donde otros decidían, lo que hoy comienza no tiene otros dueños que los propios ciudadanos.

Libres, adultos, responsables. Orientados sí, por una dirigencia política que no se cree fundacional ni omnipotente. Creo con todo mi corazón que Mauricio Macri y Gaby Michetti serán el catalizador de un cambio positivo, no tan solo de rumbo hacia el progreso y desarrollo, sino un cambio más profundo y más intenso en aquello que no se ve a simple vista, pero que inunda a toda una gestión.

Habrá en la Argentina un gobierno de buenas, nobles y honestas personas. Parafraseando a aquella mítica película española digo: “Amanece, que no es poco”.

Se abre también una nueva etapa para la Unión Cívica Radical. Que en primer lugar tiene derecho a festejar y a sentirse protagonista de esta hora especial.

Etapa que no empezó en Gualeguaychú, como pareciera, aunque esa Convención quedará para siempre en la historia de los grandes eventos ya no del partido, sino del país.

El cambio empezó a gestarse mucho antes. Silenciosamente en muchos momentos, con gran notoriedad en otros.

El cambio arrancó desde el mismo momento en que decidimos pararnos en la vereda de enfrente del Kirchnerismo, sabiendo que no había ni hubo nunca allí un “proyecto nacional y popular de inclusión”, sino un puro, simple y hasta primitivo modelo de acumulación poder político y económico.

Esta clarita la diferencia, ¿no?

Fueron muchos años de transitar el desierto. Resistencia, templanza, coraje cívico. Y, por qué no, cierta incomprensión en momentos en que el modelo “arrasaba” no sólo en las urnas, sino en la consideración pública.

Pero allí estuvimos. Enfrentando al poder desde una banca, como en aquellos debates de hace diez años con la propia Cristina Fernández de Kirchner. Superpoderes, DNU, Consejo de la Magistratura.

Luego con la resolución 125, liderando al arco opositor. Y ahora, en este tiempo, haciéndonos cargo del más importante desafío de la democracia recuperada en el 83: evitar la hegemonía del partido único, devolviendo al sistema las dos grandes columnas de la calidad democrática: EQUILIBRIO y ALTERNANCIA.

Viene ahora un tiempo distinto. Hemos recuperado la condición de partido de gobierno, que es mucho más que compartir un gabinete.

Allí están los cientos de concejales, legisladores provinciales, intendentes, gobernadores y legisladores nacionales que conforman una fuerza ineludible e indispensable para gobernar la Argentina que viene. Cada uno desde su lugar, es soldado de Cambiemos, el Frente que construimos con pasión, visión estratégica y profunda vocación republicana.

Pero con los nuevos tiempos vienen también nuevos desafíos.

No hay registro en nuestra historia de haber llegado al poder en una coalición cuya conducción no pertenece a la UCR. Pero al mismo tiempo, cuya fortaleza parlamentaria y territorial sí tiene mucho que ver con la UCR.

Allí está entonces el nudo del desafío, que no es otro que compartir GESTIÓN y POLÍTICA. No habrá buen gobierno si no se entiende que ambos factores son indisolubles.

Cambiemos está lo suficientemente maduro como Frente de Gobierno para hacerse cargo de ese desafío, y los radicales aportaremos todo lo que somos y tenemos para ese fin.

Por último, sabiendo que no es lo más importante pero sí lo que cause más impacto por lo novedoso, quiero contarles que esta nueva etapa también lo es para mi vida personal.

Es algo muy simple y profundo desde el sentimiento, aunque complejo y difícil de comunicar desde la racionalidad.

Primero una definición: soy un hombre que actúa en política y no un político que en sus ratos libres se acuerda que hay “algo más” fuera de la política. Pasa que eso, tan obvio, queda distorsionado por la realidad durante muchos años. Tantos que ya me cuesta recordar el comienzo.

Exceso de responsabilidad, adrenalina, desafíos permanentes, ego, vanidades… Un cóctel impresionante que formó un torbellino de enorme intensidad sobre todo en los últimos 10 años.

Podría definirlo de mil maneras, desde muchos ángulos, pero lo resumo en una frase para que se entienda bien: Soy, sin duda, el político argentino que acumula más días y noches fuera de su hogar en los últimos años.

Y acá viene entonces el cambio, que llega también a mi vida personal. He decidido recuperar el espacio de hombre, que es el espacio de mis amores, de mi lugar en el mundo y también el espacio de sueños de vida que fui postergando mucho – demasiado- tiempo y que ha llegado la hora de concretar.

No voy a ocupar ningún lugar ni en el Gobierno ni en mi Partido.

Lo saben ya Mauricio Macri y los máximos dirigentes del radicalismo; y lo saben, como corresponde, antes de esta carta y fruto de conversaciones íntimas, emotivas y muy pero muy valiosas.

También saben que estoy y estaré ayudando de muchas formas y en circunstancias varias, porque la política forma parte de mi propio ser, aún cuando me aleje de los cargos públicos.

De lo que se trata, en definitiva, es que para poder ayudar a otros a ser felices uno mismo debe encontrar su propia felicidad.

He elegido el camino, porque ante todo, soy todavía el dueño de mi vida. O, como repitió tantas veces Mandela de aquel poema Invictus de William Henley: “yo soy el capitán de mi alma”.

En fin, como dice el título de esta carta, una nueva etapa para todos. Para vivirla con alegría, con pasión, con mucho amor por el país, por su gente, por la buena y sana política. Y por nosotros, que nos lo merecemos.

Gracias …. Y VIVA LA ARGENTINA.

Ernesto Sanz

Mauricio Macri será el presidente con mayor cantidad de votos desde 1983

0010463058Por: Juan Agustín Robledo

El primer ballotage presidencial de la historia argentina otorgó al presidente electo la legitimidad de nada más y nada menos que 13 millones de votos, algo inédito en el país.

Si bien el escrutinio continúa en desarrollo, y el recuento definitivo podría alterar los números, ya es posible afirmar que con nada más y nada menos que 12 millones de votos, Mauricio Macri será el presidente electo por la mayor cantidad de votos en la historia argentina, superando los 11,8 millones de votos que en 2011 obtuvo Cristina Kirchner.

Para alcanzar esa cantidad, Macri se benefició de varias circunstancias: en primer lugar, la de este año fue una primera elección presidencial en la que, además del normal crecimiento poblacional, el padrón electoral también aumentó por la inclusión, en 2012, por intermedio de la ley 26.774, de los jóvenes mayores de 16 años, que sumó más de 900.000 potenciales electores.
También, Macri se benefició de la normal polarización de un ballotage presidencial, en el que las opciones se reducen a dos. En cierto sentido, es lo que quiso evitar Carlos Menem cuando renunció al ballotage en 2003, convirtiendo en presidente a Néstor Kirchner con la menor cantidad de votos desde el regreso de la democracia.
Con una participación del electorado cercana al 80%, la elección tuvo una concurrencia apenas por debajo de la general (81,07%) y bastante mejor que la primaria, cuando rondó el 75%. También, la cantidad de “voto negativo” -blanco e impugnado- fue sensiblemente menor al 6% de las PASO y algo más baja que el 3,32% de la primera vuelta: con 2,46%, fue uno de los más bajos desde el regreso de la democracia.
Mauricio Macri tuvo un crecimiento sostenido en los tres turnos que tuvo la elección: de las PASO a la general, retuvo los votos de sus socios de Cambiemos y sumó gran parte de los nuevos votantes y el voto que en la primaría había sido en blanco. Ahora, en el ballotage, sumó poco más de 4 millones de votos, mientras que Daniel Scioli apenas logró aumentar 2,5 millones.
Córdoba continuó con su hostilidad hacia el kirchnerismo: Macri se impuso allí con el 71,5%, aumentando su caudal en casi 400 mil votos, mientras que Scioli sólo pudo crecer unos 195 mil, retrocediendo en su porcentaje.
En Jujuy, la única provincia que Sergio Massa ganó en octubre, Macri se quedó prácticamente con todo: pasó de 70 mil votos, a más de 200 mil, superando a Daniel Scioli por cerca de 20 mi votos.

La nada sutil diferencia entre Scioli y Macri

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No hay mal que dure cien años“, dice el refrán al cual muchos se están aferrando. Es verdad que el cambio a esta altura, parece inevitable. No son las encuestas las que lo aseguran, es la cara de la gente, la expresión de hombres y mujeres en la calle, es la charla detenida, es el comentario de paso, es la mirada perdida de Daniel Scioli y su insoportable falta de respeto para con su adversario. 

Nuevamente, como fiel discípulo de la Presidente, el candidato oficialista vuelve a convertir el país en un ring. Mauricio Macri dejó de ser el conocido de hace 30 años con quien compartió un partido de fútbol algún que otro sábado, un cordial encuentro, o con quien se topó un sinfín de veces en cócteles y otros eventos. Scioli está mostrando sin disimulo que es el heredero de la concepción política del kirchnerismo: para adentrarse en la competencia y afrontar un comicio necesita inevitablemente de un enemigo.

Es Barrio Parque o es La Matanza, así la inclusión que tanto declama muere en palabras. Vacío de argumentos, ataca y rebaja con un cinismo extremo. No parece ser este el mejor modo de ganar adeptos, la gente ya optó por la mesura en la última elección. Pero la desesperación empaña la percepción y la razón.

El Scioli de “la fe, la esperanza, el trabajo” tenía una intención de voto mayor. De hecho, no hace mucho, se lo perfilaba como el futuro jefe de Estado. Al Scioli de hoy, no. Y es que se está restando votos a sí mismo. No le alcanza con el “fuego amigo” que espanta, está obsesionado por demonizar al contrincante, por aplastarlo, y en ese trance termina generando un rechazo que hasta hace unos meses no había experimentado.

El gobernador bonaerense supo ser el hombre de amianto: “No le entran las balas” decían analistas y ciudadanos. Ni siquiera las inundaciones de La Plata lo situaron en el centro de las críticas, tampoco fue el culpable señalado cuando los trabajadores estuvieron a punto de perder su aguinaldo porque Cristina necesitaba apretarlo. Por el contrario, Scioli supo ser el político que siempre salía airoso y bien parado de situaciones críticas que lo tenían de protagonista. A lo sumo generaba indiferencia pero no llegaba más lejos. Era el misterio de las estadísticas: pasara lo que pasara, su imagen positiva no menguaba. 

“¿Qué te han hecho Daniel?”, fue la pregunta que lo dejó desnudo en pleno debate. La respuesta que no dio se encuentra en la confirmación cada vez más evidente de las ambiciones personales que lo mueven. El ex motonauta olvidó bajarse de la lancha. Está viviendo esta contienda como una carrera inusitada hacia la nada, y va a ganarla. 

El problema de Scioli fue y es Scioli al margen del entorno y el contexto que poco favor le hicieron. Y es que Scioli está cegado frente a su deseo, quiere la Presidencia de la Nación a cualquier precio, como un capricho, jamás la entendió como medio para el servicio.

Nunca se escuchó a Gabriela Michetti, por ejemplo, inmiscuir su parálisis en la elección, en cambio Scioli no cesa de aludir a su accidente con la lancha como la actual mandataria lo hiciera con su estado civil en la anterior campaña. “Todo vale” es la metodología kirchnerista por excelencia y está claro que de ahí se nutre su candidato. 

Ser presidente para el bonaerense era y es una meta no un comienzo. Ahí radica el principal error. Por el contrario, Mauricio Macri no deja de repetir en cada acto que aspira a la Presidencia para cambiar el país, para ayudar a que vivan mejor los argentinos. Se sitúa como medio para un fin mancomunado no personal. Puede parecer un detalle nimio o menor, sin embargo la diferencia es abismal y seguramente quedará demostrada el próximo domingo. El candidato de Cambiemos no ve al sillón de Rivadavia como un fin en sí mismo, lo ve justamente como un principio. 

El Poder Ejecutivo es eso: un comienzo, el primer eslabón de una cadena larga en exceso. Mientras para Scioli ganar la elección es concretar su ambición, para Macri ganar el comicio es dar el paso inicial en un camino largo, indefinido. El titular del PRO tiene fines muchísimo más amplios y complejos que los que acuna el gobernador. No se trata de endiosarlo ni mucho menos mostrarlo como un filántropo. Ambos desean la banda y el cetro pero la diferencia está en el modo de alcanzar ese deseo.

Daniel Scioli, como Cristina Kirchner, va por todo. Mauricio Macri va con todos. Aunque suene a juego de palabras esa es la clave que más los diferencia. En ese sentido es entendible que la campaña esté viviéndose como un Boca-River, como un blanco o negro. Las semejanzas son escasas, los matices no existen aún cuando muchos periodistas se desviven por situarlos a ambos en el mismo casillero. Y es que la diferencia o la similitud no se da por un plan económico ni tampoco por ser de izquierda o de derecha. Esos son parámetros obsoletos que no aportan un ápice a la elección.

Solemos quedarnos con lo minúsculo , con el “chiquitaje”, por eso debatimos en el final de campaña sobre trapitos y feriados habiendo asuntos tan trascendentales en el tintero. Aquello que hace a un hombre diferente radica en su interior, en la intención si se quiere. Es la visión de la Presidencia lo que sitúa a Scioli y a Macri en veredas opuestas. No son iguales, no son parecidos siquiera. Y no se trata de meter el dedo en la llaga ni de insistir con la grieta.

Para el primero, el fin justifica los medios y eso explica esa campaña agresiva, virulenta, sin contenido y llena de violencia. Para el otro, los medios empleados definen la naturaleza del fin que no se alcanza el domingo con el escrutinio. El fin del actual jefe de la ciudad de Buenos Aires en todo caso, se plasma recién dentro de cuatro años. No es cuestión de perspectivas sino de esencias, de intereses y de verse a sí mismo como instrumento o como ombligo.

En ese sentido, el hombre de Cambiemos supo captar con mayor fidelidad la fibra sensible del argentino promedio. Una imagen que ilustra lo dicho es aquella en la cual puede verse a Diógenes de Laercio señalando el sol con un dedo y a su lado al hombre que, en lugar de mirar el sol, le mira el dedo.

Ahora, observemos el escenario donde estamos y tratemos de pensar qué miraría Scioli y qué observaría Macri, si acaso fuesen ellos quienes estuviesen parados junto al filósofo griego…

Por Gabriela Pousa  

El observador mendocino

#MauricioMacri – CIERRE DE CAMPAÑA EN HUMAHUACA

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Macri de Argentina visto ileso en el debate presidencial monótono

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El retador conservador Mauricio Macri se adentra en la última semana antes de segunda vuelta presidencial de Argentina por delante en las encuestas y en gran parte ileso en el debate del domingo, donde su rival del partido gobernante no logró aterrizar un golpe de nocaut.

Daniel Scioli se enfrenta ahora a una lucha cuesta arriba para ganarse a los votantes indecisos y cerrar la ventaja de Macri después de que ambos candidatos pegados a los scripts manoseados, dijo Cefeidas Grupo estratega de riesgo político Francisco Resnicoff.

“No hubo golpe claro que definió el debate”, dijo Resnicoff. “Scioli necesitaba una victoria clara. Una llamada cercana no le ayuda.”

El debate dominó el rating de los programas de televisión, pero era delgado en la sustancia política. Scioli representa a Macri como una inclinación neoliberal en la destrucción de la economía del bienestar de la Argentina, mientras que Macri culpó a Scioli por el crecimiento económico estancado e injerto rampante.

Ambos candidatos esquivaron preguntas, y tampoco se dejaron lamer las heridas graves.

Se adaptó a Macri, el alcalde pro-empresarial Buenos Aires quien las encuestas de opinión muestran que tiene una ventaja de ocho puntos de entrar en la boleta el 22 de noviembre, y afectar las posibilidades de un regreso de Scioli.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires Scioli, un moderado dentro del amplio movimiento peronista que ha dominado la política argentina durante décadas, dijo a los votantes que le salvaguardará los salarios de los trabajadores y la clase media, y mantendrá subsidios a la energía en el lugar.

La alternativa, dijo, era un candidato que favorecería a las grandes empresas, que coloque Argentina de nuevo en manos de los acreedores despiadados y diseñar una devaluación de la moneda dolorosa.

“Estoy aquí para defenderlos” Scioli dijo a los votantes.

Avalado por la presidente saliente, Cristina Fernández, Scioli entró en el debate vulnerable a los ataques de Macri contra la manipulación de los nacionalistas de fuego de la tercera mayor economía de América Latina.

El ganador de las elecciones heredará una economía sumida en problemas. Las reservas de divisas están precariamente bajas, el déficit fiscal se está ampliando en un aumento en el gasto público, el crecimiento es lento y la inflación es alta.

Scioli ha luchado durante toda la campaña para llegar a los votantes independientes sedientos de un cambio en la marca de Fernández del populismo de izquierda a la vez que el bloqueo en sus seguidores.

“No eres un Cambio”, dijo Macri durante el debate. “Eligiste la continuidad.”

Los intentos de Macri para impulsar a Scioli en defensa de Fernández divisivos ocho años en el poder que sacudieron a su oponente desde el principio.

“Insiste en debatir con un gobierno que está en su salida el 10 de diciembre”, dijo Scioli, cuyo desempeño fortalecido como el debate pasó a la lucha contra la delincuencia y la educación.

Twitter de Argentina, que es generalmente más rico y mejor educado que el promedio, puso al debate abrumadoramente a favor de Macri.

Los votantes de bajos ingresos encuentran el consuelo en las promesas constantes de Scioli para proteger los salarios y las pensiones, pero sin una caída de gran alcance el domingo, cerrando la ventaja de Macri será difícil.

“Macri llegó a la cima porque el debate no cambió el curso de las elecciones”, dijo el analista político Rosendo Fraga.

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¿Qué significa la elección de Argentina para América del Sur? – BBC

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En el futuro, los libros sobre la historia económica de Argentina a principios del siglo 21 tendrán que venir con un completo glosario.

La segunda economía más grande de América del Sur ha pasado por muchas políticas y experimentos económicos diferentes en las dos últimas décadas que un vocabulario completamente nuevo ha surgido para explicar las transacciones económicas del día a día.

La principal calle comercial de Buenos Aires, la calle Florida, que ahora cuenta con decenas de “arbolitos”, el nombre dado a los comerciantes del mercado negro que compran y venden dólares abiertamente en las calles. Ellos están ahí como arbustos que sostienen sus hojas verdes (billetes de dólar).

Algunos comerciantes prefieren “hacer puré” (“puro hacer”), que es para comprar dólares del gobierno y los venden a las “cuevas”, las tiendas de los tipos de cambio ilegales que tratan de “blue” (Mercado de dólares negro).

Esta jerga dinámica es un reflejo de un país que ha pasado a través de una especie de montaña rusa económica durante los últimos 15 años.

En 2001, el país se había sumido en el caos – políticamente volátil, financieramente en bancarrota y con la violencia en erupción en las calles. Es famosa porque tuvo tres presidentes diferentes en dos semanas.

En la segunda mitad de la década, sin embargo, era una de las economías de más rápido crecimiento en el mundo, en la parte posterior de la escalada de los precios de las materias primas a nivel mundial y un plan de reestructuración de deuda con un éxito parcial. Para el año 2005 se había superado su nivel anterior a la crisis.

Los argentinos están votando para su próximo presidente, como Cristina Fernández de Kirchner se encuentra después de ocho años en el poder.

Su sucesor elegido a dedo, izquierdista Daniel Scioli, fue líder en las encuestas y se esperaba que ganara cómodamente.

Sin embargo, la primera ronda de votación no produjo un ganador, como Scioli fue empujado muy cerca por Mauricio Macri, el alcalde de Buenos Aires de centro-derecha .

Para ganar directamente en la primera vuelta, un candidato necesita el 45% de los votos, o un mínimo de 40%, así como una ventaja de 10 puntos sobre su rival más cercano.

La segunda vuelta el 22 de noviembre será la primera vez que una elección argentina será decidida por una segunda vuelta.


Pero ahora, desde 2011, la Argentina está en serios problemas económicos de nuevo, con un crecimiento débil, el aumento del desempleo y la alta inflación.

Las elecciones presidenciales de la próxima semana – entre el respaldado por el gobierno Daniel Scioli y la oposición Mauricio Macri – será una oportunidad para los argentinos para elegir qué camino tomar para resolver los actuales problemas económicos.

También será seguido de cerca por los vecinos de América del Sur como Brasil y Venezuela, que están en una encrucijada, luchando por respuestas políticas en la cara de las tormentas económicas.

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Muchos de los problemas económicos más inmediatos de la Argentina se han reducido a la política cambiaria del gobierno conocida como El Cepo, una serie de medidas adoptadas en 2011 destinados a contener el flujo de capitales que comenzaron la salida del país.

La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner

Cristina Fernández de Kirchner ha sido presidente desde 2007

Se hizo contener las mareas en cierta medida, pero creó mucho mayores problemas a nivel nacional.

La compra de dólares oficialmente bajo el Cepo es una pesadilla de la burocracia; comprarlos en el mercado negro es prohibitivamente caro. Los costos de importación se dispararon y fueron trasladados a los consumidores, lo que hizo disparar la inflación por las nubes.

En condiciones de alta inflación, muchas de las conquistas de la Argentina en la última década se están empezando a deshacer. El crecimiento se estancó en un primer momento, y ahora hay una amenaza de entrar en el modo inverso.

Después de incluir a millones de personas en el sistema de bienestar, Argentina dejó de publicar las cifras de pobreza el año pasado, un indicio de que los de peor situación no están viendo que sus vidas mejoran.


El Cepo:

  • Serie de medidas adoptadas por la Argentina para contener salida de capitales
  • Iniciado en noviembre de 2011
  • Los argentinos que quieran comprar dólares tenían que obtener un permiso oficial del gobierno
  • Dólares se compran oficialmente a través de la página web de la AFIP, organismo vinculado al Ministerio de Hacienda
  • Se creó un mercado negro, el dólar oficial se vende en alrededor de 9,50 pesos para los que son aprobados por la AFIP; extraoficialmente que cuesta alrededor de 15 pesos
  • Aumentó la inflación en la Argentina y crea obstáculos al comercio

Bajo la familia Kirchner – Néstor primero en 2003 y luego Cristina Fernández desde 2007 – el gobierno aumentó su presencia en muchos sectores, de los programas sociales a la nacionalización de las empresas privadas.

Ahora, con problemas de liquidez y bajas reservas, el gobierno está en necesidad desesperada de ingresos, pero todavía está prácticamente excluida de los mercados de bonos internacionales, después de que dejó de pagar su deuda en 2001.

Cambio prometido

A los argentinos les fue prometido un cambio por ambos candidatos presidenciales.

Tanto Scioli y Macri están de acuerdo en que la Argentina tiene que abrir su economía al mundo una vez más, por la eliminación del cepo, la facilitación del comercio, los mercados de bonos de re-entrar y tener una moneda menos controlada.

Pero la velocidad y los detalles del cambio varían de acuerdo con el candidato.

La mayoría espera a Macri para cambiar la economía más drásticamente, mientras que los ajustes de Scioli vendrían a un ritmo más lento.

Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires y aspirante a la presidenciaDaniel Scioli es el candidato respaldado por el gobierno – y se espera que llegará a ser presidente

Más importante aún hay un elemento altamente simbólico para esta elección que es probable que tengan repercusiones en el conjunto de América del Sur, a pesar de que sus problemas económicos son muy distintos.

La política de la región han seguido grandes olas ideológicas en las últimas décadas.

En los años 1980 y 1990, países como Brasil, Argentina y Venezuela eligieron gobiernos que siguieron el llamado Consenso de Washington – una serie de doctrinas que incluye la privatización de empresas estatales y la reducción de la presencia del Estado en la economía.

En la década de 2000, la mayoría de los países de América del Sur – incluyendo Paraguay, Ecuador, Bolivia y Uruguay – se movieron bruscamente hacia la izquierda, la elección de gobiernos que priorizan la inversión dirigida por el Estado y los programas sociales para los pobres.

Encrucijada

Ahora Argentina, Brasil y Venezuela se enfrentan a tiempos tumultuosos en su política y la economía, y están de nuevo en una encrucijada.

Si Argentina elige a Daniel Scioli el domingo, será una manera de dar un poco de validación para la era Kirchner que definió el país durante los últimos 12 años.

Del mismo modo, un triunfo de Macri significaría un rechazo de ese legado y un retorno a políticas más orientadas al mercado.

Dos semanas más tarde, bajo una gran tensión económica y social, los venezolanos irán a las urnas en las elecciones parlamentarias, que son propensas a ser el reto más difícil de Nicolás Maduro, el sucesor del fallecido Hugo Chávez.

Nicolás Maduro, presidente de VenezuelaNicolás Maduro, se enfrenta a un duro desafío en Venezuela

Venezuela ha estado implementando una “revolución bolivariana” desde 1999, con una fuerte presencia del Estado en todos los sectores de la economía.

Pero con los precios del petróleo bajos y la escasez crónica, su economía se encuentra ahora en su etapa más frágil en más de una década.

Mientras tanto, Brasil – que acaba de ser a través de una prueba similar cuando la reelegida presidente Dilma Rousseff el año pasado – se enfrenta a la agitación política en medio de un escándalo de corrupción a gran escala, ya que la oposición está presionando para que su juicio político a menos de un año después de que ella tomó el cargo de nuevo.

Al mismo tiempo, Rousseff está adoptando medidas económicas para contrarrestar la crisis del país que están más cerca de las políticas orientadas al mercado predicados por su oponente en las elecciones del año pasado, Aecio Neves.

El presidente de Brasil, Dilma RousseffDilma Rousseff se enfrenta a las convocatorias de su juicio político

El futuro político de Brasil es aún incierto, ya que nadie sabe si el movimiento juicio político puede tener éxito.

Pero Rousseff y el Partido de los Trabajadores se enfrentan a una difícil prueba para mantener las políticas establecidas por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a partir de 2003.

Con tantos signos de interrogación en la mente de los votantes en toda la región, los sudamericanos estarán observando de cerca lo que ocurre con la política y la economía de la Argentina después del domingo, bajo un nuevo presidente.

BBC

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