Bienvenido Compañero Presidente Mauri

Alejandro Borensztein

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De lo único que siempre estuve convencido, amigo lector, era que ganando Macri o Scioli, el kirchnerismo estaba forfai. Me cansé de decírselo.

Algunos sitúan el comienzo de la debacle en la soberbia del 54%. Para mí, volcaron y se pusieron el plan de sombrero el 13 de marzo de 2013, cuando sorpresivamente apareció Francisco. Su sola presencia frenó el inolvidable y suicida “vamos por todo”. Después maduró el knock out con el Compañero Massa. Desde entonces, todo lo que hicieron o intentaron hacer fue en vano.

También le voy a decir, amigo lector y compañero de resistencia, que entre diciembre de 2013 y agosto de 2015 (fecha de las PASO) estuve convencido de que nosotros ganaríamos las elecciones con el Compañero Mauri a la cabeza. Incluso, apoyé la jugada de no juntarnos con Massa. No nos sumaba.

Sin embargo, con el resultado de las PASO, entendí que nuestro triunfo con el Compañero Lancha sería inexorable. La teníamos ganada. Nosotros con el 38% y Macri con el 24%, no teníamos más nada que discutir (el 6% restante de Cambiemos eran de Lilita y de Sanz). Nos alcanzaba con que luego, en la primera vuelta, Scioli manoteara algo del 62% del voto peronista que sumábamos entre él, Massa, De la Sota y Rodríguez Saá. Era un asunto terminado.

Por lo tanto, después de dos años de estar convencido de que ganábamos con Macri, me di cuenta de que finalmente ganábamos con Scioli.

Con la misma sinceridad debo decir que, tras los resultados de la primera vuelta, comprendí definitivamente que, ahora sí, ganábamos con Macri.

La paliza de Vidal al Compañero La Morsa y los tres miserables puntitos de ventaja que nos había sacado el Compañero Lancha sentenciaban la suerte del Frente para la Victoria. Las cartas ya estaban jugadas. Como ve, amigo lector, no me equivoqué: el Compañero Mauri es el nuevo Presidente. Siempre lo dije.

O sea, una elección que perdieron unos tipos que la tenían ganada después de haberla tenido perdida. Y viceversa.

Desde entonces, en el gobierno todo es estupor y confusión. “Prácticamente empatamos”, dijo el Jefe de Gabinete a quien unos días antes María Eugenia Vidal, que según él necesitaba un GPS para llegar a Avellaneda, le terminó haciendo pelo y barba (no digo bigote porque para eso hace falta llamar a licitación pública). Así están estos tipos.

Algunos funcionarios kirchneristas llevan 12 años confundidos. Los Kirchner son como esos japoneses que cada tanto aparecen escondidos en la selva porque nadie les avisó que la Segunda Guerra Mundial terminó hace 70 años.

Eso eran ellos cuando llegaron de Santa Cruz y nunca dejaron de serlo. En el fondo, el problema no fue el autoritarismo sino la ignorancia.

Mientras tanto, el Compañero Presidente Mauri ya nombró a todos sus ministros. Tal vez quien la tiene más difícil es la futura canciller Susana Malcorra, actual Jefa de Gabinete de la ONU bajo la presidencia de Ban Ki Moon. Una mujer de gran prestigio internacional y amplio reconocimiento en la diplomacia. Tiene una tarea titánica: explicarle al mundo que, créase o no, ella viene del mismo país que Timerman.

También la tiene complicada Prat Gay, que declaró “hasta el 10 de diciembre no vamos a saber con qué nos encontramos”. Si me preguntan a mí, ya les voy avisando que no se van a encontrar con nada. Del Banco Central se llevaron hasta el cajero automático y si llamás al fonobanco, el contestador dice “el numero solicitado no corresponde a un abonado en servicio”.

No sólo están los nuevos que llegan, sino también los viejos a los que quieren rajar: Vanoli, Gils Carbó, Sabatella, Parrilli y otros tantos.

Inclusive quieren volar a los que manejan el INDEC. En este caso, no se por qué tanto apuro. Todas las dudas sobre las cifras las acaba de despejar Zannini cuando dijo: “Hay dos países: uno del centro, rico y concentrado que votó a Macri y el otro del interior y pobre que eligió la fórmula del FPV”. Yo sabía que había muchos pobres, pero nunca me imaginé que tantos.

Tampoco me apuraría con Vanoli, el del Banco Central. Hay que dejarlo un rato más. Cuando le vengan a cobrar todos los dólares que vendió a futuro no le van a dar las patas para salir corriendo.

En realidad, todos estos funcionarios tienen mandatos vigentes pero están cuestionados por ejercerlos de manera sesgada y parcial. Esto es mentira. Por ejemplo, Gils Carbó no manipuló la justicia para salvar a los Kirchner. También lo hizo para salvar a Boudou, a Lázaro, a De Vido y tantos otros. Fue amplia. Imparcial. Sin favoritismos.

Lo mismo Sabbatella, que cuando asumió en el AFSCA tuvo que dedicarse a mirar todos los canales y escuchar todas las radios porque no tenía la más puta idea de lo que eran los medios. Pero de tanto perseguir y mirar TN y Canal 13 finalmente algo aprendió. Ahora ya sabe que El Zorro es Don Diego de la Vega.

Nobleza obliga, párrafo aparte para el Compañero Lancha que la peleó con uñas y dientes, solo contra todos. Incluidos los de adentro y “la” de adentro que lo sabotearon sin parar. Así y todo, en el minuto final, y perdido por perdido, Lancha le pegó de 30 metros, rozó el palo y salió. Como Rob Rensenbrink en el Monumental en el 78, casi cambia la historia.

Finalmente, acá estamos querido Compañero Presidente Mauri. Felicitaciones.

No doy consejos, pero por las dudas le dejo un dato para pensar: ojo con la transmisión del mando, ojo con la organización y ojo con la televisación. Es la fiesta de nosotros que llegamos, no la fiesta de nosotros que nos vamos.

Y es el momento de todos. Descartemos a los corruptos, a los ñoquis, a la falange de propaganda, a los fanáticos y a Ella que, a la hora de pensar una transición, avergonzó a sus propios ministros que, dicho sea de paso, ya la desobedecieron y están conversando con los ministros del nuevo gobierno. Hasta Bignone hizo con Alfonsín una transición más razonable.

Descartado lo que hay que descartar, quedamos todos los demás. Peronistas, radicales, conservadores, comunistas, liberales, socialistas, indiferentes y kirchneristas de buena fe. Cuarenta millones de tipos que pensamos distinto, pero todos a bordo del mismo barco. Por eso Compañero Mauri, vamos tranquilos.

Parece mentira. Desde aquella tarde en que se le ocurrió llamar a Carlos Bianchi a esta inolvidable epopeya presidencial. Chapeau.

Por un país mejor, por un país normal. Suerte para usted. Suerte para todos.

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