La Jefa no alucina con George Clooney

Alejandro Borensztein

Esta historia es absolutamente cierta. La madre de un gran amigo mío tiene en su casa un corpóreo en tamaño natural de George Clooney. Cuando uno va a visitarla, te lo presenta: “él es George, mi novio”, y uno no tiene más remedio que decirle: “Hola George, mucho gusto, como andás?” Como George no contesta, obviamente, la única manera de zafar de la situación es palmearle el hombro al corpóreo y decirle “permiso George, me busco algo para tomar y después charlamos un ratito, dale?” La mamá de mi amigo, cada tanto se te acerca y te redobla la apuesta: “no lo mires mucho a George porque sino se agranda y se la cree”.

Por suerte, a nuestra Presidenta esto no le pasa. A lo sumo, cada mañana cuando sumerge la medialuna en el café con leche, vislumbra un golpe de Estado. Más que eso, no.
Si bien es cierto que cada vez descubre más golpes de Estado, el tema no debe alarmarnos porque no es nuevo. Es más de lo mismo.

Uno se toma unos días de descanso y cuando vuelve todo sigue siendo la misma milonga de siempre: una manga de inútiles, impostores y falsoprogresistas instalados en la Rosada, desaprovechando todas las oportunidades que nos ofrecían la región y el mundo, culpando al pibe Wiñazki de todo lo que les sale mal, y pisoteando el estado de derecho con ese tradicional autoritarismo provincial que aprendieron de Saadi, Menem, Juárez, Alperovich, Zamora, Insfrán, etc. etc. y que no les sirvió ni para terminar con Marcelo Bonelli y “A Dos Voces”.

Lo peor de todo es que muchos siguen enganchados, sin darse cuenta de que el problema no son estos ñatos que se van dentro de cinco minutos, sino los que están llegando para quedarse cuatro u ocho años más. Ahí está el asunto.

No le pidamos más nada a Kicillof. Lo único que tiene para ofrecerte es un lavarropas en 12 cuotas. Tenemos que agarrar a los que vienen y preguntarles cómo van a hacer con un Banco Central que no tiene un puto dólar disponible ni para importar el repuesto del lavarropas que te compraste en 12 cuotas.

Dejen al gobierno en paz. Faltan sólo 8 meses. Todo el daño que pueden hacer es poco comparado con el daño que puede hacer el que viene, si no le revisamos los papeles. Basta de putear a la Presidenta. Cuanto más la putean, más golpes de Estado se le aparecen en las tostadas con mermelada y queso blanco.

Ahora están todos indignados porque Rafecas rechazó la acusación. Deberían pensar que gracias a ese fallo, al menos por unos días, cuando la medialuna emerja chorreando del café con leche, Ella verá un golpe de Estado menos. Ese es uno de los grandes aportes de Rafecas.

El otro es haber descubierto que las escuchas en las que D’Elía aparece recibiendo ordenes de un iraní, y después reconociendo ordenes de Parrilli (siendo secretario de la Presidencia), transmitiendo mensajes a los iraníes desde la Casa Rosada, recibiendo las quejas de los iraníes porque el “judío de mierda (por Timerman) no está cumpliendo con lo pactado”, etc etc, no eran ciertas. Por suerte ahora sabemos que no era Luis D’Elía sino que era Rolo Villar haciéndose pasar por D’Elía. Menos mal. Por un momento todos pensamos que era un traidor a la patria operando a favor de una potencia extranjera en una embajada extranjera. Afortunadamente, era todo mentira y Luisito sólo sigue siendo ese simpático antisemita que siempre está en la Casa Rosada aplaudiendo a la Presidenta, en la primera fila y pegadito a Timerman.

Mi consejo amigo lector es que deje de preocuparse por los que se van y empecemos a pensar en los que vienen: el Compañero Mauri, el Compañero Lancha, el Compañero UNEN (por ahora es un enmascarado, como el Zorro) o el Compañero Massa (a este todavía no encontré cómo llamarlo porque Compañero Tajaí es muy obvio y Compañero Malena me da miedo).

Tenemos que estar atentos, no sea cosa que detrás de Macri llegue una nueva manga de fascistas a ocupar los medios públicos y usarlos para propaganda del gobierno. O que detrás de Scioli aparezca escondida una nueva gavilla que haga obra pública al triple de su valor, ni siquiera la terminen y se repartan la diferencia entre los amigos de la provincia. O asegurarnos que Massa no coloque en la Cancillería otra vez a un tipo que sea la mezcla de la Tota y La Porota, y nos haga quedar como el orto peleándose con todo el planeta. O tipos que vengan otra vez a contarnos que estuvieron en el desembarco de Normandía cuando en realidad eran todos colaboracionistas franceses. “Nunca más” dijo un prócer que fue insultado por este gobierno durante diez años, hasta el viernes pasado en que empezaron a idolatrarlo.

De eso se trata este año. Ahora si usted quiere seguir enganchado con lo que hace el gobierno, ya es problema suyo. Cómprese un corpóreo de Capitanich, póngalo en la cocina y sufra mamita. Y si usted está demasiado enojado, piense que el 10 de diciembre entregan el gobierno y el 11 salen los patrulleros a buscarlos.

Ocho meses no son nada. El desafío es no calentarnos más por los que están, porque ya se fueron. Y los que vienen, ya llegaron.

O nos avivamos ahora, o nos cagan otra década más. El menemismo kirchnerista arruinó doce años, que sumados a los 10 años que nos arruinó el menemismo menemista, son… 22 años tirados a la basura. Si no le hacemos la verificación de motor al que viene, con su posible reelección, son 8 años más. O sea 30 años de frustración. No se a usted, pero a mí los años no me sobran.

La Compañera Jefa acaba de declarar “a este gobierno nadie le marca la cancha”. Lamento avisar que está equivocadísima. Todos le marcamos la cancha. Hasta mi hija de un año y medio, mi Minina!!!, en cuanto se despierta y antes de tomar su mema lo primero que hace es marcarle la cancha al gobierno. Porque ella, como todos nosotros, nació en suelo argentino, bajo la tutela de un librito que se llama Constitución Nacional donde está toda la cancha marcadita. Les guste o no les guste.

El Senador Fuentes declaró que esta va a ser la campaña electoral más sangrienta de la historia. Un colifa que debe tener en su casa un corpóreo de Kim Basinger. O lo que es peor, uno de Diana Conti. Disfrutemos otro gran año electoral. No dejemos que nadie lo arruine. Gane quien gane, tendremos una democracia mucho mejor. Eso sólo ya es una fiesta.

Vamos muchachos, arriba los corazones. A gozar más y a padecer menos. Te lo digo yo que la sufro como un perro, pero tengo en mi casa un corpóreo de Clint Eastwood que me cuida.

Es un placer estar de vuelta. Empezó la temporada.

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